Valor de las Piezas de Ajedrez
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Para dar una idea aproximada sobre esta cuestión la iremos analizando por partes.

En primer lugar, nos apoyaremos en una cualidad evidente de cada una de las piezas: su movilidad. En base a ella, se puede apreciar casi a primera vista que la dama vale más que la torre, que ésta es preferible a las piezas menores (alfil o caballo) y que el peón es la pieza de menor valor.

En cuanto al valor del rey la cuestión ya se complica un poco. En primer lugar es una pieza de valor absoluto puesto que su captura define la partida. Pero por otra parte hemos visto que en algunos aspectos de la lucha se transforma en una pieza activa de cuya acción depende muchas veces el éxito del combate. Por su movilidad e influencia se le asigna un valor algo superior al de una pieza menor.

Si para aclarar estos conceptos se hiciera una escala de valor numérico tomando como unidad al peón se llega a establecer la siguiente tabla de valores:


Dama = 10 Unidades

Torre = 5 1/2 Unidades

Rey = 4 Unidades

Alfil = 3 1/2 Unidades

Caballo = 3 Unidades

Peón = 1 Unidad


Esta escala de valores es muy útil para el principiante, y le sirve de compás original para guiarse en el cambio de valores de las piezas. Conociendo esta escala, el ajedrecista puede, por ejemplo, intentar cambiar alfil por torre, o dos peones por caballo o torre y alfil por dama, etc. Y el adversario, a su vez, intentará eludir estos cambios desfavorables, ya que una concesión en la balanza de las fuerzas del tablero, puede llevar, finalmente a la pérdida de la partida.

Para continuar con este tema es necesario conocer algunos términos empleados.
A la correlación entre el conjunto de valores que tienen las piezas de ambos bandos, se le llama correlación material de fuerzas o correlación material. La expresión "igualdad de material" significa que el valor común de las piezas de un bando es igual al valor común de las piezas del otro bando. Si resulta que uno de los adversarios tiene un valor mayor de piezas (por ejemplo, dama contra torre del enemigo), o sencillamente un mayor número de piezas (por ejemplo, cinco peones contra tres del adversario), entonces decimos que este ajedrecista tiene "ventaja de material". A la diferencia entre le valor de la torre y el caballo o la torre y el alfil, se le llama "calidad". Así, al cambio del caballo o alfil por una torre se le denomina "ganancia de calidad", y respectivamente, al cambio de una torre por un caballo o alfil, "pérdida de calidad".

En relación con su valor relativo, y las particularidades específicas de sus movimientos, en la teoría del ajedrez las piezas se clasifican en: piezas pesadas (dama y torre) y piezas ligeras (alfil y caballo). También se denominan piezas de largo alcance (dama, torre y alfil) a las piezas que en una jugada se desplazan a una distancia considerable por una determinada columna, fila o diagonal.

Como ya se vio en temas anteriores, más de una vez resulta prácticamente imposible conseguir una destrucción unilateral de una pieza del enemigo. En el proceso del juego se van intercambiando golpes con un exterminio mutuo de las fuerzas, y por eso no se consigue pasar sin pérdidas recíprocas. Es necesario familiarizarse conuna serie de situaciones típicas, que surgen tanto tras la captura de piezas mutua o unilateral, como tras la creación de posibilidades para capturas semejantes.

En el juego se emplea a menudo el cambio. Tras él, o bien se da un figura por otra del mismo valor que la del enemigo, o bien se produce un cambio de material de parecido valor (por ejemplo, el cambio de caballo por tres peones).

Sin embargo, no siempre las operaciones mutuas consisten en mantener la igualdad de material. Con frecuencia uno de los jugadores intenta conseguir ventaja de material. Esto es, obtener una pieza del enemigo de valor mayor. En las situaciones indicadas el bando adversario sufre una pérdida de material.

Pero para capturar una pieza enemiga es preciso crear previamente una posibilidad potencial (amenaza) para su captura, realizar un ataque.

Sin embargo, a cualquier amenaza no se le considera un ataque. El ataque es la amenaza de capturar una pieza enemiga sin represalias, o cambiar una pieza de valor menor por una pieza enemiga de valor mayor.

Al ataque se contesta con la defensa.
La defensa se realiza mediante:

a) retirada de la pieza que sufre el ataque;
b) captura para la defensa de otra pieza de la misma fuerza;
c) cerrando las líneas del ataque enemigo;
d) capturando la pieza atacante del enemigo.


Además del objetivo inmediato de eliminar el ataque, la defensa con frecuencia está ligada a la creación de un contraataque, a la organización de un contragolpe. Esto se manifiesta atacando a una pieza enemiga de mayor valor, dando jaque, etc.

Naturalmente, esta valoración puede considerarse suficientemente aproximada si se considera la actividad de las piezas tomadas aisladamente sobre el tablero o bien en grupos diversos y en posiciones equilibradas.

Pero si, continuando con nuestras matemáticas, quisiéramos tener un valor numérico que exprese la ventaja material que poseemos observaremos un hecho curioso, la misma ventaja material cambia de valor a lo largo de la partida, acrecentándose hacia la parte final del juego.

Veamos, la fórmula que expresaría la ventaja estaría dada por la expresión:


Vr = Vm / M


Vm: Representa la ventaja material medida en unidades de peón de acuerdo con la tabla de valores arriba indicada.

M: Masa, es el total de piezas del bando, en ventaja medido de igual manera.

Vr: Es el número que expresaría la ventaja real.


Por ejemplo: Supongamos que un jugador tiene la dama de ventaja estando todas las piezas en juego, luego:

Vm = 10; (dama)

M = 10 + 11 + 4 + 7 + 6 + 8 (Dama, dos Torres, Rey, dos Alfiles, dos Caballos, 8 peones) = 46


Por lo tanto:


Vr = Vm / M = 10 / 46 = 0,21


Hagamos el mismo cálculo cuando han quedado solamente la Dama y el Rey contra el Rey adversario.


Vm = 10  M = 14  Vr = 0,71


La ventaja real ha aumentado más o menos, tres veces y media.

Esta constatación nos da la pauta de la relatividad de la ventaja. Como consecuencia podemos observar que: La ventaja material aumenta como ventaja real en razón inversa a la masa (cantidad de piezas) existente. En este principio se basa la teoría de la simplificación.

Sin embargo, tropezamos con hechos que constituuen aparentes excepciones: un alfil o un caballo y hasta dos caballos netos de ventaja no son capaces de brindar el triunfo porque ellos, con la sola ayuda del rey no pueden dar mate al rey adversario. Pero esas excepciones las hemos tildado de aparentes porque en rigor responden a características especiales de la movilidad de dichas piezas.

Ello introduce un nuevo valor que complica nuestros cálculos primarios, es un valor íntimamente relacionado con el tablero, el valor posicional de las piezas. La facultad de apreciación de este factor reside únicamente en el talento del jugador.

Las piezas sufren variaciones en su poder de la misma manera como cambian de valor las casillas del tablero y no existe ley matemática que pueda expresarla, que pueda indicar en un momento dado cuál es la casilla débil, cuál es el punto ideal para explotarla, cuales son las piezas más adecuadas para utilizar en esa explotación, en síntesis, cuál es el plan a seguir.

Y es así que observamos que en determinadas posiciones, un caballo, o un peón, por ejemplo, son más valiosos que la dama, o que una ventaja abrumadora no alcanza a frenar la derrota. En estos principios se basa la teoría de los sacrificios para conseguir la victoria.

Veamos un ejemplo notable por su claridad para ilustrar lo dicho. En la siguiente posición, sumando los valores numéricos vemos que las negras poseen una ventaja de 1 1/2 peón que, parecería suficiente para imponerse. Sin embargo, dada la posición que ocupan las piezas negras, el blanco mediante una combinación de sacrificio y simplificación logra cambiar completamente el panorama y quedarse al final con dos peones de ventaja.


  a b c d e f g h  
8                8
7                7
6                6
5                5
4                4
3                3
2                2
1                1
  a b c d e f g h  

1. Tc8+            Txc8
2. Dxa7+!!        Rxa7
3. bxc8=C+!     R mueve
4. Cxa7


El secreto de la maniobra ganadora residía en que al coronar el peón se pidiera una pieza de menor valor para sacar provecho de la posición de las piezas adversarias. En este ejemplo triunfa el valor posicional sobre el valor intrínseco de las piezas.


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