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Alfil contra Alfil La particularidad del alfil de controlar solamente la mitad de las casillas del tablero le confiere al final en que se enfrentan dos de estas piezas características especiales. En primer lugar, resulta evidente que cuando juegan por casillas del mismo color y uno de ellos está acompañado por un peón, el bando débil no tiene más que colocar su rey en el camino de coronación en un lugar no atacable por el alfil rival, y perder todos los tiempos que quiera con el alfil, sin cambiarlo más que en condiciones ventajosas. En el siguiente diagrama (Chéron) se ve que las negras con 1. ..., Rc8 empatan la partida, cosa que no sucede siendo mano las blancas, pues seguiría:
1. Ag4 Ab7 2. Ae6 Af3 3. Ad5 Ad5 4. Rd5 Y el negro no llega a su objetivo. El problema fundamental que tiene es la diagonal corta del alfil, que no le permite movilidad suficiente, como ocurre en el siguiente caso (Cherón), donde hay casillas válidas de desplazamiento:
1. Ae5 Rd8 Y tablas. En el caso en que uno de los bandos tenga dos peones, normalmente deberá ganar, jugando con cuidado y combinando las acciones de todas las piezas. El siguiente ejemplo (Fischer - Keres) resulta ilustrativo:
1. ... Rg7 Es preciso impedir la entrada del rey enemigo en f6, que entablaría al dominar los escaques fundamentales. 2. Rg5 Ad3 3. f4 Ae4 4. h4 Ad3 Si 4. f5, Af5. 5. h5 Ae4 6. h6+ Rh8 7. Af5 Ad5 8. Ag6 Ae6 9. Rf6 Ac4 10. Rg5 Ae6 11. Ah5 Rh7 12. Ag4! Ac4 13. f5 Af7 14. Ah5 Ac4 15. Ag6+ Rg8 16. f6 Y las negras abandonan, pues no se puede impedir que el blanco llegue a e7 y apoye a su alfil en e6. Lo fundamental para el ataque es desplazar al rival cuando no pueda aceptar cambios que lo dejarían con un final de peones perdido, mientras la defensa debe intentar de entregar el alfil por el peón de f, ya que el peón de h coronaría en una casilla de diferente color al que recorre el alfil adversario, por lo que sería tablas. En el caso de enfrentarse dos peones contra uno, además de los alfiles y reyes, el resultado dependerá de las diagonales controladas, pues con margen suficiente para maniobrar, el bando fuerte debe ganar, haciendo tablas en caso contrario. Los dos diagramas siguientes (Averbach, 1954) son muy semejantes en apariencia, pero las posibilidades de cada uno son distintas.
En este caso el alfil blanco tiene campo suficiente para inutilizar los recursos defensivos del negro con: 1. Af8+ Rd7 2. Ac5 Ag3 3. Aa7! Rc7 4. Re6 Mientras que en este otro caso, está más restringido, por la proximidad de la banda, que no le permite realizar este plan:
1. Ah5 Ae4 La maniobra anterior se ve claramente que no funciona. 2. Rf4 Ad3 3. Af3 Ac4 4. Re5 Ab3 5. Ah5 Ac4 6. Af7 Ab3 7. Ae8+ Rc7 8. Ab5 Aa2 Y tablas, por no haber manera de desviar el alfil negro que, a su vez, tiene mayor movilidad que en el diagrama anterior. Además de la ventaja posicional, la ventaja material también es susceptible de ser explotada metódicamente, mediante la elaboración de un proyecto adecuado, con base en la limitación del contrario para aceptar la eliminación de las piezas y buscar la creación de peones pasados, como ocurre en el siguiente caso (Guimard - Piazzini, Buenos Aires, 1938):
1. d5 c6 Liberando casillas para que el rey participe en la defensa. 2. d6 Ad8 3. g4 Rd7 4. f5 Ag5 5. Rf3 Ah6 6. Re4 Af8 7. h4 f6 8. fg6 hg6 9. h5 gh5 10. gh5 fe5 11. Ae5 Re6 No puede entrar en el final de peones. 12. Af4 Ag7 13. h6 Ah6 14. Ah6 Y blancas ganan. El blanco fue minando la posición metódicamente, hasta hacer valer su superioridad. Cuando hay constelaciones amplias de peones en el tablero, la importancia de tener un alfil bueno o uno malo, es decir, que juegue con soltura o que esté atrapado en un espacio pequeño, es casi siempre decisiva. La partida entre Winawer - Steinitz, Viena, 1882 muestra un alfil blanco limitado por sus propios peones y por la acción del negro, que tiene dos magníficas diagonales controladas. La victoria depende de un juego preciso:
1. ... Af1 2. Rf3 g5! Si 2. ..., Ah3?; 3. Ad3, Rf6; 4. Rf4!, Ag2; 5. g5+, Re6; 6. Ac4+, Re7; 7. Ad3, h3; 8. Rg3, Re6; 9. e5, con muchas posibilidades de tablas.) 3. Aa2 c6 4. Af7 Ad3 5. Rf2 Rf4 6. a5 Ae4 7. Ac4 d5 8. Aa6 c5 9. Ac8 c4 10. a6 Re5 11. Ad7 d4 12. cd4+ Rd4 13. Re2 Ad3+ 14. Re1 c3 15. Ac8 Re3 16. Rd1 Rf2 17. Af5 Aa6 18. Rc2 Af1 19. Rc3 Ah3 Y ganan las negras. Como siempre, la cadena de peones es fuente de desigualdades, y el hecho de tener puntos débiles favorece planes de ataque basados en el desplazamiento de las piezas para emplearse en un lugar o en otro, dándose a menudo posiciones de zugzwang o situaciones en las que un bando, tocándole mover, tiene todo defendido, pero el turno de juego obliga a descolocarse. En el diagrama siguiente (Averbach) el negro tiene tres peones aislados atacables por el alfil; en la posición tiene todo bajo control, pero si le tocara mover tendría o bien que dejar pasar al rey o bien perder un peón, por lo que las blancas deben intentar llegar a la misma posición pero tocándole jugar al contrario. El procedimiento se basa en el menor espacio dominado por el alfil del negro, al no poder desplazar al rey:
1. Ae2 Ag6 2. Ad3 Ah7 3. Ac2 Ag6 4. Ab1! Ah7 5. Ad3 Ag6 6. Ac2 Ah7 7. Ab3! Ag8 8. Ad1 Af7 9. Af3 Y el objetivo está cumplido. Cuando los alfiles circulan por escaques de distinto color se considera, erróneamente, que la partida debe finalizar en tablas. Es cierto que las posibilidades son más altas, pues en determinadas circunstancias dos peones resultan insuficientes para ganar, pero debe valorarse siempre la posición, considerando las debilidades y la disposición de las piezas en el tablero. En el final con un solo peón, este gana si el rey propio o el contrario impiden el juego del alfil de la defensa o si el peón puede atravesar la casilla dominada por el alfil contrario antes que este la ataque. Hay situaciones especiales como el siguiente caso (J. Berger) donde son tablas igual:
1. a6 Af5 2. Re3 Ah3 3. Rf3 Af1 4. a7 Ac4 5. a8=D Ad5+ Dos peones hacen tablas sobre todo si están ligados y en casillas del color de las que controla su alfil, cosa que ocurre en el ejemplo siguiente, donde no hay manera de entrar.
Normalmente, es mejor tener los peones en casillas del color dominadas por el alfil contrario, pero ya veremos las perspectivas en finales más complicados. Con peones ligados en sexta es muy probable que gane el bando fuerte, llevando el rey el apoyo de los peones o procurando una posición de zugzwang para el bando débil. En el próximo diagrama (Rey Ardid) el método a emplear consiste, en primer lugar, en el desplazamiento del rey de la defensa, para abrir camino al atacante y apoyar el avance:
1. Ah5 Rf8 2. Rc6 seguido de Rc7 ganando. En caso de que el negro haga el traslado a la otra banda, el camino es un poco más largo: 1. ... Rd8 2. Re5 Ah4 3. Rf5 seguido de Rg6 y Rf7 al no poder desplazarse el alfil negro de la diagonal. El método del zugzwang aparece en el siguiente caso, donde puede conseguirse que, tocándole jugar al negro, pierda sus posibilidades defensivas:
1. Ah5+ Rd8 2. Ag6 Y cualquier respuesta significa permitir el paso del peón a e7. Cuando los peones están más retrasados, la defensa tiene buenas perspectivas. La regla general dice que hay que atacar la cadena de peones por adelante, con el objeto de sacrificar el alfil en el momento oportuno; sin embargo, hay que tener siempre muy en cuenta las peculiaridades de la posición. En el siguiente diagrama (C. R. Laforh, 1964), la jugada natural sería 1. ..., Ab5, con idea de jugar Ac6 y, en el momento en que el negro haga d5, jugar Ad5, pero en este caso las blancas pueden anticiparse:
1. ... Ab5 2. Ab4+ Re6 3. d5+ Re5 4. Ac3+ Rd6 5. Rd4 Ae8 6. e5+ Re7 7. e6 Y blancas ganan. Ahora bien, la defensa correcta sería: 1. ... Ac4! Controla el punto vital. 2. Ag3+ Rc6! 3. Rf4 Ag8 4. Re5 Rd7 5. d5 Af7 6. Rf6 Re8! Mantiene cortado al rey, mientras el alfil impide e5; a 6. ..., Ag8 sigue 7. Rg7, y hay que dejar la diagonal. Si 6. ...,Ah5; 7. e5+). 7. Rg7 Ah5 8. e5 Af3 9. d6 Rd7 Y tablas con Ag4. Las posibilidades de ganar aumentan cuando los peones están apartados, pues normalmente el alfil tiene una sola casilla para controlar la situación. De todas maneras, hay posibilidades de tablas si las piezas de la defensa están bien colocadas como en el caso siguiente (A. Cheron, 1954), donde la idea consiste en llegar con el rey a la casilla a1:
1. Rf4! Ae2 2. Ad4 Rb7 3. Re3! Ab5 4. Rd2 Y tablas, pues el alfil puede ser sacrificado, en su momento, en g1. En caso de haber jugado directamente 1. Ad4? seguiría: 1. Ad4? Rc7! 2. Rf4 Ac8 3. Re3 a2 4. Rd2 Rc6! 5. Rc2 Rd5 6. Af6 g3 7. Rd2 g2 Y ganan negras, por el desplazamiento del alfil defensivo. También las estructuras deficientes pueden aumentar las posibilidades de tablas, como es el caso siguiente (Maroczy - Pillsbury, Münich, 1900), que terminó de la siguiente forma:
1. Re5! Ab3 2. Rd6 c4 3. Rc5 Rf4 4. Rb4 a2 5. Ra3 Re4 6. Rb2 Rd3 7. Ra1 Y tablas, pues no se puede tomar de ninguna manera el alfil en c3. En constelaciones amplias, la ventaja posicional puede ser decisiva. En el siguiente caso (U. Jarh - G. Steiner, correspondencia 1954-56) el mejor alfil y el dominio de espacio dieron la victoria a las blancas:
1. a4 g5 El alfil negro queda encerrado. 2. h5! d4 En los finales, por lo general, el bando que tiene ventaja debe evitar los cambios de peones. El negro juega d4 ya que es el único medio de liberar el alfil; en caso de jugar pasivamente, penetraría el rey blanco por el flanco de dama. 3. a5! d3 Si 3. Ad4, e5; 4. Ae5, Ag4 y tablas. 4. c4 Ac6 Si 4. cd3?, Ac6; 5. Re3, Ad5; 6. b4, Ab5; 7. Rd4, Ac6 y tablas. 5. Re3! Re8 Si 5. b4?, Re8!; 6. Re3, Rd7; 7. b5, ab5; 8. cb5, Ab5; 9. Ag7, Ac6; 10. Ah6, d2; 11. Rd2, Af3; 12. Ag5, Ag4; 13 h6, Af5 y el rey negro llega al rincón después de sacrificar el alfil. 6. Rd3 Af3 7. Rd4 Rd7 Si 7. ..., Ag4; 8. Rc5, Rd7; 9. Rb6, Ah5; 10. Ra6, Rc6; 11. b4, Ae2; 12. b5+, Rc5; 13. b6, Ac4+; 14. Ra7 y ganan blancas. 8. Rc5 Ad1 9. b4 Ae2 10. b5 ab5 11. a6 Rc8 12. Rb6 bc4 13. a7 Af3 14. Ag7 Y blancas ganan. Si no hay ninguna ventaja posicional, un peón o dos demás, resulta insuficiente para ganar con alfiles que dominan casillas de distinto color. En estos finales es mucho más importante que el material la situación de los peones, la libertad de movimiento del alfil y el espacio dominado por el rey. Un ejemplo de esto es el siguiente (Y. Averbach, 1972), donde las blancas solo tienen un peón extra en el flanco de dama, por lo que el resultado es tablas:
1. Rf1 Rf8 2. Re2 Re8 3. Rd3 Ae6 4. b3 Rd7 5. Ab4 g6 6. Rc3 Rc6 7. a4 Rb6 8. Af8 h5 9. b4 Ad5 10. g3 Ae6 11. Rd4 Ab3! 12. a5+ Rb5 13. Re5 Ae6 14. Rf6 Rc6 15. Rg5 Rb5 16. h4 Rc6 17. f3 Ab5 18. Rf4 Rb5 19. g4 Rc6 20. gh5 gh5 21. Rg3 Rb5 Y tablas. Pueden apreciarse aquí dos particularidades: .- El avance del peón pasado en los finales de alfiles que circulan por casillas de distinto color no cuenta con el apoyo de su alfil, pues las casillas que ataca el contrario están fuera de su alcance. .- El alfil no puede atacar los peones adversarios situados en escaques que no domina. De estas dos particularidades resulta que cuando el rey de la defensa puede situarse en una casilla no controlada por el enemigo delante del peón pasado y su alfil defiende los peones de ambos flancos la victoria es imposible, si el bando fuerte no consigue abrir otro pasillo, como ocurre en el siguiente ejemplo (Kotov - Botwinnik, URSS, 1955):
1. ... g5! 2. fg5 d4+ Si 2. hg5, h4; 3. Ad6, Af5; 4. g6, Ag6; 5. f5, Af5; 6. Rb3, Rg2, y ganan negras. Las negras juegan d4+ porque es importante no perder el peón de b3. 3. ed4 Rg3 4. Aa3 Rh4 5. Rd3 Rg5 6. Re4 h4 7. Rf3 Ad5+ Y las blancas abandonaron. También resulta ilustrativo el final de la partida Lissitzin - Skotorenko (Leningrado, 1954), con dos peones pasados y alejados:
1. Af2 Ac6 2. Ae1 Ad5 3. Rf2 Rf4 4. Rf1 Ac4+ 5. Rg1 Ad5 6. Af2 Ac6 7. Rf1 Rf5 8. Re1 Re6 9. Rd2 Rd7 10. Re3! Y blancas ganan, tanto con 10. ..., Rc7; 11. h5, Rb7; 12. h6 como con 10. ..., Rd6; 11. Rd4, yendo en este último caso el rey blanco hacia el flanco de dama. |
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